DICTADURA DE LA IRRACIONALIDAD
Todavia en Quisqueya es posible intercambiar oro por espejitos. Esto no es un cuento. Diversas situaciones que se imponen, nos lo dejan ver: El deterioro del nivel de vida, y la polarizaciĂłn de la sociedad; la actitud poco cauta de los Ăşltimos gobiernos y de los grupos econĂłmicos y polĂticos de poder, que estĂĄn llevando a la naciĂłn por senderos impredecibles y sumamente peligrosos.
El irrespeto a las normas e institucionalidad, cada vez mĂĄs corroe la cimiente de todo lo creado. El Estado, va perdiendo el apoyo y la credibilidad de sus miembros. Muchos lo conciben como una entelequia. Otros, quieren sacarles todo el provecho posible. Por esto, roban, malversan desvĂan los recursos que deben administrar o quieren una âbotellitaâ.
Aun asĂ, lo peor de todo radica en otra parte: la desprotecciĂłn. Esta nos envilece, nos hace actuar contra todo y todos. Por eso, oĂmos y vemos muchos procederes extremistas, inhumanos y destructivos. La bĂşsqueda y construcciĂłn del futuro individual empuja a cada cual por el sendero que crea mĂĄs cĂłmodo, fĂĄcil viable. El crecimiento, ya personal, familiar y social, nos empujan a verlo fuera del contexto del sueĂąo propuesto por Duarte y los intereses nacionales.
Por esto es comĂşn, a nivel gubernamental, el enfoque, la confusiĂłn o el enlace de nuestro futuro con el camino que llevan los Estados Unidos. A nivel individual muchos vemos la realizaciĂłn de las apetencias creadas, simplemente con una visa. Dar sus mejores aĂąos y esfuerzos en las factorĂas o explotar las debilidades que tiene la juventud norteamericana con los vicios son algunas de las vas que utilizan buena parte de nuestros nacionales, para alcanzar el sueĂąo americano.
La irracionalidad en el diario vivir, nos hace negarnos y actuar en contra de lo que somos. No son raros los casos de hijos que niegan la buena voluntad de sus padres que viven en el exterior quienes tratan de mejorar su nivel de vida. Igual sucede en la escuela, mientras mas facilidades tienen los estudiantes, mayor apatĂa y menor rendimiento. La unidad que debe surgir ante las dificultades y amenazas comunes, el temor y el egoĂsmo, las disipan. Solo los peores se sienten en sus aguas. La poblaciĂłn desunida, sufre carencias, terror, inseguridad y la envidia de unos y otros de sus miembros.
Cada cual quiere resolver sus problemas. Las calles y los vecindarios se convierten en lugares peores que la selva. Todos estamos contra todos. Al vecino le molesta, que el que vive a su lado estĂŠ progresando y lo demuestra. Los frentes de las casas y desde dentro de ellas se convierten en escenarios, para ver que comen o no comen, si compran o no compran algo, quienes son espiados y sufren por eso. Esta prĂĄctica, que se ha multiplicado, trae muchos pleitos y desgracias a la familia dominicana.
Los comentarios que allĂ, en los frentes, se hacen, son informaciones de primera manos para los âubicadoresâ al servicio de la delincuencia organizada. Esta, organizada de diferente forma y con presencia en los barrios a travĂŠs de âlas nacionesâ, utiliza a los mĂĄs jĂłvenes( âniĂąos realengosâ), para vigilar a aquellos que son mĂĄs organizados y tienen perspectivas de avanzar. No son pocos los vecinos que se alegran cuando los anteriores son atracados o robados. El deseo de que nadie en el barrio avance, motiva a estos envidiosos, malos vecinos, multiplicadores de miseria y bebedores de cervezas regaladas, a sentir regocijo en sus corazones.
Todos creemos que los otros estĂĄn obligados. Pocos recordamos el grado de responsabilidad que nos toca en cada caso. Los comerciantes y los chĂłferes del transporte pĂşblico, suelen negar la propiedad y la posibilidad de influencia del gobierno en sus negocios, cuando se les exige por sus abusos. Cuando se sienten ahogados por los impuestos y los gastos en que incurren, entonces lo llaman abusador. ÂĄQuĂŠ contrariedad! Cuando protesto ante lo que creo es una injusticia o abuso, el pĂşblico me recrimina, me quiere callar con la expresiĂłn de que âno me metaâ. En un gran publico, poco se inmutan por esto. Cuando un pasajero protesta o se siente atropellado por los abusos de un cobrador, aparecen decenas de pasajeros que le âcaen como la congaâ, a quien protesta. Les dicen âque se compre un carroâ. Esto les ha dado mucho poder a los cobradores y les ha hecho olvidar a quienes ellos se deben.
Al sentirse aprisionados por la situaciĂłn que les ahoga, muchos han optado por emigrar con los suyos a otros paĂses. ÂĄEs difĂcil vivir desconfiado hasta de su sombra, como vivimos! Esto es aprovechado por las autoridades para no cumplir con sus responsabilidades, lo que agrava y pone en peligro el porvenir nacional. Piense usted en las enfermedades que nadie las llama, pero vienen; en los accidentes, que estĂĄn a la hora del dĂa; en la vejez, para el que no tiene nada garantizado, ademĂĄs de que los hijos no quieren velar por sus padres.
Hemos dado demasiada cabida a la vieja manĂa impuesta por los tĂŠcnicos de querer engaĂąar a todos a los que le ofrecen su servicio. El auge del tercer sector de la economĂa, ha servido como soporte para esto. Pocos tienen ĂŠtica. Al estar difamados los diferentes sectores, los individuos que podrĂan ser la excepciĂłn, son vistos con suspicacia. Los malestares que crea esa situaciĂłn en los sectores pulcros, son fuentes de entrada lĂquida para los sinvergĂźenzas. Al tener todos, en algĂşn momento, necesidad de servicios, somos proclives a ser o sentirnos engaĂąados.
El no miramiento de las normas elementales de cortesĂa, dificulta la posibilidad de armonĂa entre los individuos. El afĂĄn de erradicar las desigualdades en el trato, tocĂł esa parte en que los individuos se obligan a ser comedidos y afables. Hoy por hoy, las actitudes groseras seĂąalan una importante cifra en los conflictos, en la interacciĂłn. La familia, el vecindario y las calles, son los escenarios donde se manifiestan la mayor cantidad de roces que degeneran en desgracia. La mayorĂa de los individuos andan mentalmente dispuestos a acabar con el otro. Las ofensas orales, luego las gestuales y por Ăşltimo en el orden que precede a un fatal desenvolvimiento.
Hay poca disponibilidad a âcoger troteâ con nadie. Donde la hay, la experiencia demuestra, hijos y personas malagradecidas. Muchas personas con serias deficiencias, con actitudes groseras rechazan ser ayudadas, asĂ se niegan a dar un paso en la vida.
La irracionalidad es tal que, en muchos casos, la poblaciĂłn siente y habla de una componenda ente las autoridades y la delincuencia. VendrĂa a motivar esto, la permisividad manifiesta con los delincuentes despuĂŠs de ser atrapados, la familiaridad en el trato entre policĂas y reconocidos delincuentes; el hacerse de la vista gorda antes el robo de casi todas las tapas de imbornales y de registro de drenaje sanitario de la capital; ver el robo del tendido elĂŠctrico, tanto pĂşblico como privado, con indiferencia. Esto ha traĂdo consigo el linchamiento de uno que otros intranquilizadores y podrĂa crear situaciones peligrosas.
Este âsĂĄlvate como puedaâ, enfrenta a los pobladores entre sĂ. Permite a inversionistas como los del sector elĂŠctrico, recurrir a la manida prĂĄctica de apagar las plantas productoras de energĂa elĂŠctrica cada vez que les parece. Por igual, abren las puertas al discernimiento y conocimiento, de cual es el verdadero rol de los que trabajan en la superintendencia de electricidad. Sus sueldazos les hace descubrir y seĂąalar las mil y una formas en que se roba (truquea) la electricidad. Pero, se ciegan ante la mala fe y el encubrimiento de las tĂŠcnicas utilizadas por los productores y distribuidores para engaĂąar al gobierno y a los usuarios. TambiĂŠn muestran condescendencia con la incapacidad o desinterĂŠs de las distribuidoras de electricidad en salir a cobrar la energĂa. Por igual, cubren lo fĂĄcil que le resulta que el gobierno pague el subsidio para asĂ evitanse tener que eficientizar ellos mismo los mecanismos de cobro.
La imposiciĂłn del estilo de vida rapaz ha colado la dictadura de la irracionalidad. La vida diaria lo seĂąala con: el trato grosero en el roce en el transporte; el desprecio entre parroquianos, sobre todo jĂłvenes, por la vida; el poco interĂŠs, de casi todo, en ser provechosos; la apariciĂłn de muchos âavivatosâ por cada proyecto desarrollista; la incredulidad o creencia solo en lo que conviene en el momento. Esta situaciĂłn provoca resentimiento social, desconfianza entre individuos, ruptura, parasitismo e irresponsabilidad en el seno familiar.
No nos extraĂąa la idea que se ha vertido de âque somos un Estado fallidoâ. Las debilidades manifiestas en las instituciones que nos conforman y la administraciones destructivas que hemos tenidos, no dejan mĂĄs que pensar en el grado de verdad que tiene esa deducciĂłn. Con palabras, el gobierno habla de la falsedad de esto. Con hechos âcomo la desatenciĂłn a la familia, a la salud, la escuela, y al trabajo- lo confirma.
Es hora de revertir la situaciĂłn que nos embarga. Debemos deponer las actitudes egoĂstas y malsanas que nos hacen creer que somos seres individuales que no necesitamos del otro. Aunque el gobierno debe ser el centro de esto, todos debemos esforzarnos por jugar un rol positivo en la sociedad. Cada cual desde su espacio debe asumir educar mejor, ser mejor ciudadano, irradiar armonĂa, dar un mejor servicio en su lugar de trabajo, mostrar el orgullo de ser dominicano.
Hemos de priorizar entre las necesidades. Los polĂticos deben dejar de estar seĂąalando lo mal que lo hace el gobierno de turno. En vez de esto, deben sentarse, ver y escuchar las necesidades de la poblaciĂłn y, en base a estas, elaborar planes para ser ejecutados siempre de acuerdo con nuestras posibilidades. Frenemos la voracidad agiotista de los comerciantes. Creemos polĂticas para disminuir las morbosas exhibiciĂłn de opulencia ante los pobres, que muchas veces no tienen que darle de comer a sus hijos.
El gobierno debe dar seĂąal que de ĂŠl emana el poder. Debe frenar a los encargados de ciertas legaciones de expresarse y actuar con la autoridad, la capacidad de lobismo y el descaro, con el que lo hacen en suelo dominicano. Ni las imposiciones ni el dinero del BID y el Banco Mundial han de cogerse como pautas, como sucede, para la elaboraciĂłn de la polĂtica educativa.
Gerson de la Rosa
viernes, noviembre 03, 2006
viernes, octubre 20, 2006
VIVIR DEL CUENTO Y LA MISERIA

VIVIR DEL CUENTO Y LA MISERIA
Los Ăşltimos aĂąos son testigos de deterioro gradual de la calidad de vida de toda la sociedad. Para ciertos grupos eso ha sido una brecha para el enriquecimiento. Para otros, la gran oportunidad de parasitar y reivindicar ese derecho que desde siempre le fue negado. Para toda la sociedad la perdida de los valores integradores y unificadores nacionales.
Todas las reivindicaciones que con luchas y sangre, a favor de todos, consiguieron las voces y grupos revolucionarios se han perdido. Las voces detractoras, organizadas hoy en ONGs y fundaciones, que se sirvieron con la cuchara ancha de los beneficios de hospitales, escuelas, libros pirateados, etc. Con sus buenos sueldos, olvidan, se desinteresan y luchan para hundir en la barbarie y pauperizaciĂłn al pueblo que les vio nacer.
La miseria, la indiferencia son los trampolines que sirven como soporte para que mientras la sociedad se hunde por falta de todo, ellos sigan ganando buenos sueldos, yendo a buenos restaurantes, manejando buenos carros, acomodando investigaciones, etc. Las aspiraciones mas profundas que desde siempre ha tenido la humanidad sirven como sebo o carnada para manipular y hacer participe a toda la poblaciĂłn de su pobreza y deshumanizaciĂłn. Esta democratizaciĂłn o participaciĂłn individualizada, ha creado indiferencia en la mayorĂa, por las situaciones que les circundan y no les han tocado vivir. De igual forma en otro grueso de la poblaciĂłn ha llevado a la agudizaciĂłn del sentimiento de alegrĂa que es notorio, les embarga y es explotado con saĂąa, ante la desgracia de sus semejantes.
Estos vividores, que proponĂan nuevas y modernas formas de luchas, desde sus puestos de trabajo se garantizan pingues sueldos que les permitan vivir como prĂncipes. Los presupuestos nacionales y las ayudas internacionales directas e indirectas les sirven de sostĂŠn econĂłmico, Las supuestas ideas vanguardistas de los paĂses econĂłmica y polĂticamente avanzados y su posiciĂłn de un mundo democrĂĄtico les ha permitido penetrar los sistemas educativos, judicial y hasta las familias.
El empuje de estos grupos ha sido tan fuerte que hasta han logrado la formaciĂłn de ministerio. La imposiciĂłn de ciertas normas de conducta ha sido la constante, a travĂŠs del empuje que tienen en las elites de poder. Los grupos subalternos llevan la de perder antes los grupillos enquistados en las cĂşpulasâŚpara estos todo es diferente.
Grandes cantidades de borregos, directos al matadero, es la situaciĂłn de la adolescencia y la mujer dominicana de forma directa. Los problemas con la juventud, el incremento de los conflictos en las parejas, los divorcios, el equiparamiento de la mujer en infidelidad e irresponsabilidad con el hombre, etc. lo demuestran.
El paĂs debe recorrer una mejor senda; vamos muy mal. La imitaciĂłn de otras sociedades no nos favorece. Sin obviar lo que viene de fuera y lo que nos proponen, ya es tiempo de que estudiemos la factibilidad de cada cosa en nuestra sociedad. Es necesario que rescatemos y cultivemos las cualidades que nos hacen fuertes y humanos, que nos hagan enaltecer los valores familiares, ĂŠticos, sociales y nacionales.
Ya es tiempo de valernos por nosotros mismos. Probemos a cortar la posibilidad de financiamiento extranjero y estatal que tienen muchas ONGs y fundaciones. Creemos las posibilidades para que haya solidaridad a lo interno de la familia. Penalicemos la indiferencia, el irrespeto, el descuido, vengan de donde vengan. Incentivemos la formaciĂłn de empresas familiares.
Gerson de la Rosa
PERFIL ALUMNADO DOMINICANO
PERFIL ALUMNADO DOMINICANO
Todos nacemos con una fiera interna, que permanece en nosotros toda la vida, la cual debemos domar. La educaciĂłn, la formaciĂłn y el tiempo que compartimos en familia, son las herramientas que docilitan y hacen manejable el Ămpetu que nos embarga en situaciones difĂciles. El fallo, el descuido y el acomodamiento en la implementaciĂłn de los elementos ya seĂąalados, van creando dificultades personales, familiares sociales, nacionales y porque no, escolares, a los individuos que no se les enseĂąo a controlarse, a respetar.
La escuela dominicana atraviesa por una situaciĂłn muy difĂcil. Los distintos elementos que la constituyen muestran un notable desajuste. Sin lugar a duda, de estos, es el alumnado el que presenta las mayores dificultades. Viendo a este con ojos crĂticos, causa preocupaciĂłn las contradicciones manifiestas y el despeĂąadero hacia el que se enrumba, la parsimonia y despreocupaciĂłn con que asumen su rol presente y el futuro. No deja de impresionar la capacidad defensiva, la exculpaciĂłn y la refracciĂłn de sus debilidades en otros.
La poblaciĂłn que alberga los jardines de infantes, escuelas colegios y universidades, proviene de entorno de familias con muchos males y dificultades. Estas, en las aulas, se manifiestan de forma mĂĄs cruda que en los lugares donde son creadas. Maledicencias, irrespeto, apatĂa, egoĂsmo, legalismo, justificaciones, rebeldĂa y otras, forman parte del diario vivir de los centros de enseĂąanza dominicanos. Lejos de recibir apoyo de los padres, para contrarrestar las situaciones que se derivan de las actitudes mencionadas, al ver las reacciones de muchos de estos, entendemos con pena a sus hijos. Dudamos del futuro de esos padres, nos preocupamos, entristecemos por el futuro del paĂs.
La disponibilidad de mucho mas y diversos centros educativos, libros, medios electrĂłnicos y manejo de recursos lĂquidos, lejos de contribuir con el mejoramiento del sistema educativo, ha hecho de la mayorĂa de nuestros hijos estudiantes muy deficientes. Tanto acomodamientos y exĂĄmenes extras, proporcionan efectos contrarios a los propuestos: deficiencia en la lectura y la comprensiĂłn de ĂŠsta, de memorizaciĂłn, dificultades serias en las matemĂĄticas; estudiantes que se esconden en que tienen problemas para no cumplir con sus responsabilidades; la perdida progresiva del rol de la escuela, etc.
La pĂŠrdida, resabio o no sujeciĂłn a ningunos de los retenedores morales, ha convertido a la poblaciĂłn estudiantil en temible. En todo el quehacer cotidiano educativo viven fallando y olvidan estos con facilidad pasmosa. Con los compaĂąeros, y sobre todo con los educadores, son implacables en sus juicios; su habilidad llega al extremo de fabular y crear situaciones que comprometen a cualquiera cuando se ven afectados. Coronan con irrespeto a los sĂmbolos y padres de la patria, falta de compaĂąerismos, posturas amorales en cuanto a la sexualidad y la persona, se creen independientes en sus posiciones con relaciĂłn a la sociedad, cubriendo su indefensiĂłn, con una subcultura plĂĄstica, forĂĄnea y alienante.
El hurto en las aulas ya es cotidiano. Cuadernos con tareas y otros Ăştiles, dinero, libros de registros de calificaciones, exĂĄmenes y todo cuanto puedan es raptado con una asiduidad que mantiene en vilo a los centros. Ante tales hechos los afectados exigen a profesores acciones. Cuando se toman medidas para frenar los robos, entonces todos protestan y se autodefinen como santos. Revelador es el acuerdo tĂĄcito entre la mayorĂa que no hace nada y somete a presiĂłn, con vejaciones y maltrato, a quienes en minorĂa son aplicados.
El actual perfil del alumnado que tenemos amenaza el futuro nacional. La escuela no debe seguir sometiĂŠndose a los vaivenes de los sectores de donde procede su poblaciĂłn. Es ella la que tiene que trazar las pautas, retomar lo mejor de nuestra idiosincrasia y actuar, de forma activa y constructiva, a travĂŠs de sus alumnos, en mejorar el nivel de los barrios. A diferencia de la situaciĂłn actual, debemos convertir la escuela en la principal instituciĂłn que, la diferencia entre sus miembros, la establezca solo su aplicaciĂłn y conocimiento.
Hace falta mecanismos escolares que frenen el continuo reto a subvertir el orden. Las enseĂąanzas teĂłricas de civismos hemos de llevarlas a la prĂĄctica reforzando las exigencias en urbanidad y compromiso en el mejoramiento del entorno donde cada cual vive. Para recobrar el interĂŠs en los estudios, disminuyamos la cantidad de exĂĄmenes y creemos mecanismos para cobrar el semestre por cada materia que no sea aprobada. EnseĂąemos a elaborar y demandemos a cada alumno un horario de actividades en la casa.
Gerson de la Rosa
Todos nacemos con una fiera interna, que permanece en nosotros toda la vida, la cual debemos domar. La educaciĂłn, la formaciĂłn y el tiempo que compartimos en familia, son las herramientas que docilitan y hacen manejable el Ămpetu que nos embarga en situaciones difĂciles. El fallo, el descuido y el acomodamiento en la implementaciĂłn de los elementos ya seĂąalados, van creando dificultades personales, familiares sociales, nacionales y porque no, escolares, a los individuos que no se les enseĂąo a controlarse, a respetar.
La escuela dominicana atraviesa por una situaciĂłn muy difĂcil. Los distintos elementos que la constituyen muestran un notable desajuste. Sin lugar a duda, de estos, es el alumnado el que presenta las mayores dificultades. Viendo a este con ojos crĂticos, causa preocupaciĂłn las contradicciones manifiestas y el despeĂąadero hacia el que se enrumba, la parsimonia y despreocupaciĂłn con que asumen su rol presente y el futuro. No deja de impresionar la capacidad defensiva, la exculpaciĂłn y la refracciĂłn de sus debilidades en otros.
La poblaciĂłn que alberga los jardines de infantes, escuelas colegios y universidades, proviene de entorno de familias con muchos males y dificultades. Estas, en las aulas, se manifiestan de forma mĂĄs cruda que en los lugares donde son creadas. Maledicencias, irrespeto, apatĂa, egoĂsmo, legalismo, justificaciones, rebeldĂa y otras, forman parte del diario vivir de los centros de enseĂąanza dominicanos. Lejos de recibir apoyo de los padres, para contrarrestar las situaciones que se derivan de las actitudes mencionadas, al ver las reacciones de muchos de estos, entendemos con pena a sus hijos. Dudamos del futuro de esos padres, nos preocupamos, entristecemos por el futuro del paĂs.
La disponibilidad de mucho mas y diversos centros educativos, libros, medios electrĂłnicos y manejo de recursos lĂquidos, lejos de contribuir con el mejoramiento del sistema educativo, ha hecho de la mayorĂa de nuestros hijos estudiantes muy deficientes. Tanto acomodamientos y exĂĄmenes extras, proporcionan efectos contrarios a los propuestos: deficiencia en la lectura y la comprensiĂłn de ĂŠsta, de memorizaciĂłn, dificultades serias en las matemĂĄticas; estudiantes que se esconden en que tienen problemas para no cumplir con sus responsabilidades; la perdida progresiva del rol de la escuela, etc.
La pĂŠrdida, resabio o no sujeciĂłn a ningunos de los retenedores morales, ha convertido a la poblaciĂłn estudiantil en temible. En todo el quehacer cotidiano educativo viven fallando y olvidan estos con facilidad pasmosa. Con los compaĂąeros, y sobre todo con los educadores, son implacables en sus juicios; su habilidad llega al extremo de fabular y crear situaciones que comprometen a cualquiera cuando se ven afectados. Coronan con irrespeto a los sĂmbolos y padres de la patria, falta de compaĂąerismos, posturas amorales en cuanto a la sexualidad y la persona, se creen independientes en sus posiciones con relaciĂłn a la sociedad, cubriendo su indefensiĂłn, con una subcultura plĂĄstica, forĂĄnea y alienante.
El hurto en las aulas ya es cotidiano. Cuadernos con tareas y otros Ăştiles, dinero, libros de registros de calificaciones, exĂĄmenes y todo cuanto puedan es raptado con una asiduidad que mantiene en vilo a los centros. Ante tales hechos los afectados exigen a profesores acciones. Cuando se toman medidas para frenar los robos, entonces todos protestan y se autodefinen como santos. Revelador es el acuerdo tĂĄcito entre la mayorĂa que no hace nada y somete a presiĂłn, con vejaciones y maltrato, a quienes en minorĂa son aplicados.
El actual perfil del alumnado que tenemos amenaza el futuro nacional. La escuela no debe seguir sometiĂŠndose a los vaivenes de los sectores de donde procede su poblaciĂłn. Es ella la que tiene que trazar las pautas, retomar lo mejor de nuestra idiosincrasia y actuar, de forma activa y constructiva, a travĂŠs de sus alumnos, en mejorar el nivel de los barrios. A diferencia de la situaciĂłn actual, debemos convertir la escuela en la principal instituciĂłn que, la diferencia entre sus miembros, la establezca solo su aplicaciĂłn y conocimiento.
Hace falta mecanismos escolares que frenen el continuo reto a subvertir el orden. Las enseĂąanzas teĂłricas de civismos hemos de llevarlas a la prĂĄctica reforzando las exigencias en urbanidad y compromiso en el mejoramiento del entorno donde cada cual vive. Para recobrar el interĂŠs en los estudios, disminuyamos la cantidad de exĂĄmenes y creemos mecanismos para cobrar el semestre por cada materia que no sea aprobada. EnseĂąemos a elaborar y demandemos a cada alumno un horario de actividades en la casa.
Gerson de la Rosa
miércoles, septiembre 20, 2006
HIDROGRAFĂA DE AMĂRICA
IntroducciĂłn
La hidrografĂa de AmĂŠrica pretende acercar al estudiante a esa riqueza natural de nuestro continente que son sus aguas.En esta trataran de localizar las diferentes vertientes que tienen los rios americanos. Por igual, averiguaran las caracterĂsticas que tienen los rĂos, dependiendo de las vertientes que tengan, veran los principales de estos, su ubicaciĂłn y su longitud.
La hidrografĂa de AmĂŠrica pretende acercar al estudiante a esa riqueza natural de nuestro continente que son sus aguas.En esta trataran de localizar las diferentes vertientes que tienen los rios americanos. Por igual, averiguaran las caracterĂsticas que tienen los rĂos, dependiendo de las vertientes que tengan, veran los principales de estos, su ubicaciĂłn y su longitud.
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