lunes, enero 08, 2007

ATERRIZAR EN R. D.

ATERRIZAR EN R. D.

El individuo estĂĄ comprometido en hace de su morada individual y de su hĂĄbitat lugares confortables. Sentirse acogido, dueĂąo y miembro de una cultura que lo identifique y diferencie con otros. Ser objeto portador y sujeto innovador de una idiosincrasia con fuertes raĂ­ces, viva y en constante desarrollo.

La crisis de paradigma que nos envuelve y la implantaciĂłn de “un nuevo orden”, quiebran la sensaciĂłn de pertenencia, tan vitral para el ser humano. DetrĂĄs del mencionado “libre comercio” se van minando las culturas, los sistemas educativos y las redes de distribuciĂłn econĂłmicas de los paĂ­ses pobres.

Por conveniencia individual y egoĂ­smo particular, beneficioso en lo inmediato, nos afiliamos a ideas y prĂĄcticas que en poco contribuyen con nuestra sociedad. Flaco servicio hacemos a la naciĂłn al importar, o querer hacerlo, normas o leyes, que no nacen de necesidades reales y menos se adaptan a la situaciĂłn que vivimos.

Serias amenazas hoy se ciernen sobre nuestra nacionalidad. El anticuerpo de dominicanizar, readaptar todo aquello que nos era extraĂąo, pierde su efectividad. Buscando la “libertad individual y la democracia”, liberalizamos las costumbres, rompemos el nĂşcleo familiar.

Andamos en desbandadas, cada cual tratando de vivir su vida, en busca de placeres y dinero, mucho, rĂĄpido y fĂĄcil. Haciendo ricos y famosos con esa actitud, as individuos de comportamientos cuestionables y contra-natura. Comprometidos en mayor o menor medida con la situaciĂłn, pocos asumimos positivamente.

Preferimos reflejar nuestra irresponsabilidad en otros y culparlos. La falta de institucionalidad; de regulaciĂłn a la migraciĂłn haitiana de tomar en cuenta a los dominicanos radicados en el exterior, como entes de desarrollo; de hacer coincidir la educaciĂłn con la cultura, idiosincrasia y requerimientos nacionales; de retomar la familia como nĂşcleo de la sociedad; han hecho del seno familiar un caos y de las calles, lugares inseguros.

Al parecer asistimos a la agonĂ­a de la conciencia. Las preocupaciones personales ofrecen pocas posibilidades de notarlo. Muy rĂĄpido no acostumbramos a la vida irregular. Aquel que trata de hacer las cosas bien, se las ponemos “bien difĂ­cil”. De los mĂĄs ingeniosos ardides nos auxiliamos para tales fines.

Serias contradicciones enfrenta quien su formaciĂłn le impide actuar en complicidad con las acciones deshonestas. Les llueven las insinuaciones de aterrizar en la realidad que se vive. Estas, solo debilitan la reserva moral que nos queda. Socavan la cimiente sobre la que descansa la nacionalidad.

Con pesar vemos los resultados de este practicismo. La desconfianza y el aislamiento se hacen patente del ser dominicano. Este, no cree en nada ni en nadie. El seno familiar, se convierte en el primer espacio para la inseguridad por la desconfianza. AllĂ­, cada miembro tira para su lado. DesapareciĂł, o nadie se sujeta a una cabeza.

Las calles representan verdaderos â€œâ€Śa la garata con puĂąo”. Quien flaquea, es engaĂąado, embaucado o burlado sin la mĂĄs mĂ­nima piedad. Es algunos casos, la muestra de esta, justifica el mal proceder de personas-fieras, que no se conduelen de nadie. Estos individuos, erigidos como paladines del utilitarismo, el existencialismo, son los menos dotados al enfrentar las consecuencias individuales del sistema que alimentan.

Lejos de continuar contribuyendo con la destrucciĂłn de las instituciones tradicionales que sirvieron de base a la nacionalidad, debemos reforzarlas. Cuanta falta hace ese lazo del compadrazgo y los compromisos que este significĂł. ÂĄQuĂŠ bien serĂ­a enriquecer las experiencias de ayer con las nuevas vivencias! Es tiempo de pensar como naciĂłn, olvidarnos de las actitudes egoĂ­stas, aislando a esos dirigentes que gobiernan para engrandecerse y enriquecerse. Explotemos y valoremos las mejores actitudes y cualidades de cada uno de nuestros conciudadanos. ÂĄAterricemos de verdad!

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